Expert Contributor:
Peter Peeti
A día de hoy, la Isla Norte de Nueva Zelanda, conocida como Te Ika-a-Māui, sigue siendo un destino atractivo no solo por sus impresionantes paisajes, sino también por su rico patrimonio cultural. Este patrimonio está profundamente arraigado en las tradiciones de los grandes antepasados polinesios, y nos recuerda continuamente los orígenes del pueblo maorí y sus valores perdurables.
Peter Peeti, un orgulloso maorí, además de cazador, chef y rostro familiar en varios programas de televisión, es un ejemplo vivo de cómo los maoríes llevan su patrimonio a la sociedad moderna. Guiados por los valores fundamentales y los principios sociales de su cultura, viven con la firme convicción de que son parte integrante de la naturaleza, con el deber sagrado de proteger su tierra para las generaciones futuras.
Los maoríes sienten un profundo respeto y amor por el mundo natural, una filosofía que se ha transmitido durante siglos. Peter, al igual que sus antepasados, creció con un fuerte sentido de compromiso con la prosperidad de su tierra. «Para nosotros, la caza no es solo una actividad individual. Está en nuestra sangre», explica. «No se trata solo de coger un rifle, sino de aprender sobre la tierra, las estaciones y los hábitos de los animales de quienes le precedieron».
Peter Peeti
La caza se considera una relación recíproca con la naturaleza, un concepto fundamental plasmado en el whakappa, que sostiene que las personas, la tierra y el mundo espiritual están interconectados y son partes iguales de un sistema en evolución. Esta creencia significa que los maoríes participan activamente en la conservación, actuando como kaitiakitanga, o guardianes de la tierra. «Para nosotros, la caza no es solo una forma de obtener alimento. Es una parte fundamental de nuestro modo de vida maorí, de nuestra cultura. Cuando cazamos un pájaro o un animal, no somos solo cazadores, somos guardianes. Solo tomamos lo que necesitamos y utilizamos todas las partes de lo que obtenemos, respetando la vida que nos ha sido dada», afirma Peter.
Cuando llegaron las primeras comunidades polinesias, tuvieron que adaptar sus habilidades a un nuevo entorno y a un clima más frío. La caza, la recolección y el cultivo eran sus tres principales estrategias de supervivencia. Inicialmente, la principal fuente de alimento era el moa, un ave gigante no voladora que se extinguió con la llegada de los europeos.
Aunque los europeos trajeron nuevas tecnologías y animales, la comunidad maorí se adaptó. Las hachas de hierro, los cuchillos y los mosquetes hicieron que la caza fuera más eficiente, mientras que las especies recién introducidas, como los cerdos, los ciervos, las cabras y los conejos, se convirtieron en presas habituales. La llegada de depredadores como armiños, hurones y gatos también contribuyó a la rápida extinción de muchas especies de aves autóctonas, lo que obligó a cambiar la dieta maorí.
Aunque hoy en día se siguen utilizando métodos tradicionales como las trampas, los cazadores ahora combinan lo antiguo y lo nuevo, utilizando herramientas modernas como rifles, arcos e incluso helicópteros. Esta adaptabilidad refleja un principio fundamental de la cultura maorí: aunque aceptan nuevos métodos, mantienen la firme convicción de que la caza debe realizarse de forma respetuosa y sostenible. Nunca cazan aves durante la época de cría o cuando una especie está en declive, y aplican prohibiciones temporales para permitir que los recursos se recuperen.
El enfoque de Peter hacia la caza refleja la capacidad de su cultura para combinar la tradición con la modernidad. Para él, el uso de la tecnología no es una contradicción, sino una forma de mejorar la seguridad y la eficacia, que son cruciales para el éxito de la caza. «No siento que haya una oposición entre la caza y el uso de la tecnología moderna», afirma.
Cuando caza, suele utilizar dos dispositivos de imagen térmica de Pulsar: los prismáticos Merger para la observación de campo amplio en bosques densos y el visor Thermion para realizar disparos precisos y éticos. Las capacidades térmicas permiten una observación no intrusiva, lo que garantiza que los disparos sean precisos y seguros, lo que se ajusta perfectamente a su forma ética de cazar y a su papel de guardián.
Para Peter, la caza es más que una simple actividad; es una forma de encontrar la paz, reconectar con sus antepasados y transmitir su herencia. Tal y como le enseñó su padre, ahora lleva a sus propios hijos a aprender sobre el kaitiakitanga. «Es una forma de encontrar la paz, de reconectar con nuestros antepasados y con la tierra», afirma. Salir al campo, moverse lentamente por el bosque y observar la vida silvestre le permite relajarse y conectar con un ritmo más natural. Esta mezcla de tradiciones antiguas y herramientas modernas garantiza que el modo de vida maorí siga prosperando, honrando el pasado y abrazando el futuro.